Clan DLAN
24 de Octubre de 2018
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[color="#FFFF66">Nací en un pequeño pueblecito a orillas del mar, en Murcia. De eso hace ya casi veinte años. Estudié primaria en un colegio público, secundaria en uno privado, y ahora me encuentro cursando, por segunda vez, primer año de Ingeniería Informática Superior en la Universidad de Murcia.[/color]


Tras una sinuosa y eterna escalera de innumerables escalones torcidos, distinguí la polvorienta penumbra de aquél viejo desván. Cientos de objetos se aglomeraban ansiosos y anhelantes, acumulados en todas y cada parte. Antiguos espejos rotos me devolvían desconocidas miradas con cada uno de sus pedazos; amenazantes maniquís con uniforme militar que danzaban al son del crepitar de una vela apagada; muebles desvencijados y arrugados como una mugrienta camisa vieja, animales disecados y clavados en curvas estacas negras; indescriptibles crucifijos de sangre y metal, yaciendo cautelosos bajo demonios de carne o trapo; gemas, plata, amenazadoras miradas. La puerta, la única salida, brillaba lejana en las alturas, sumida en la oscuridad y tan sólo visible en mi inquieta imaginación.
Al fondo del enorme salón, tras un sedoso telón rojo que aportaba el único colorido a la estancia, lo encontré. Estaba en el centro de un círculo de cirios azules, completamente iluminado, confinado en su vitrina de cristal. El rostro parecía formado por el mosaico de otros muchos, y su sardónica sonrisa bordeada por un líquido idéntico a la sangre, esgrimía la mirada de un ángel de la desesperación.
Bajo la vitrina se podía leer, en doradas letras de imprenta: “The_Exorcist”, y junto al lema una ranura para meter monedas, comprobé mi cartera y pude con alivio extraer una buena cantidad de ellas. Introduje una, y los labios de aquella estática figura comenzaron a moverse, emitiendo una voz ronca y profunda que me agitó las entrañas, preguntando: “¿Qué queréis saber?”.
Tragué saliva, y me aclaré la voz. Al fin había llegado a mi destino, y era el momento de ponerse profesional. Me senté en el suelo lentamente. Saqué la libreta, y comencé.

-Apostle: [color="#CC9933">Hace siglos, mucho antes de que tu espíritu se cobijase en esta tenebrosa máquina de feria que cuenta extraordinarios relatos por quince centavos fuiste una persona normal, un escritor de historias según me han dicho. ¿Podrías decirnos algo de aquel hombre que fue?:[/color]

-The_Exorcist: Un alma atormentada y confusa, inocente y triste desvalida, rodeada por una realidad hostil y caótica que le arrastra y a la que no comprende. Avatar de la desilusión y la amargura que lucha como todos en su búsqueda de la felicidad y la perfección, frustrado por no encontrarla, desesperado por no perderla.

A: [color="#CC9933">¿En qué momento comenzó tu afán por la narrativa?[/color]

T.E: Desde muy pequeño fui un adicto a la lectura, y en eso no he cambiado. Desde siempre he estado rodeado de libros. En mis primeros años escribí una novela de ochenta páginas sobre un videojuego que por fortuna se ha perdido. Pero fue la crítica lo que me hizo tomarme la escritura en serio. Las cosas que leía y que no eran capaces de satisfacerme. Fue en mis años de instituto. Siempre encontraba pegas a todo, y al final la única forma de solucionarlas era escribir yo mismo. Si quieres algo bien escrito, hazlo tú mismo.

A: [color="#CC9933">¿Cuáles fueron tus lecturas fundamentales? ¿Cuáles te inspiraron más a la hora de escribir?[/color]

T.E: De joven me nutrí mucho de la literatura de terror. También la encontré presente en los cómics, los videojuegos y las series de televisión. Supongo que de ellos saqué mi afán por los finales secos y fríos. También se me debió pegar entonces esa obsesión por la muerte que rodea cada uno de mis relatos. Pero esas no han sido mis únicas fuentes. Cuando empecé a escribir de verdad me aficioné a los clásicos, a los autores ya consagrados, en un intento de buscar la belleza estilística. Es la mezcla de todo esto lo que forma mis relatos: belleza estilística, conseguida a través de métrica y rima ocasionales, y la crudeza en la expresión del dolor y la desesperación existencial y escatológica. Siempre aderezado con un final que procura no dejar indiferente, sino al contrario, satisfacer el esfuerzo de la lectura con un último impacto emocional.

A: [color="#CC9933">En tus historias mostrabas a menudo personajes encerrados en circunstancias que los hacen mostrar su verdadera naturaleza, atormentados, poderosos o miserables... ¿jugabas con ellos a ser dios cuando escribías o había otros motivos a la hora de plantearlos? [/color]

T.E: Hubo una época en la que jugué con todos ellos, y eran cientos, casi miles. Pero sólo fue un experimento sociológico para conocerlos mejor, para aprender de sus relaciones y de las sociedades que formaban. Aprendí mucho mirándoles desde lo alto, observando las delicadas telarañas que los unían a todos, y cómo funcionaban, cómo reaccionaban todos ellos a partir de un hecho particular. Me ayudó a comprender la evolución de un alma individual con respecto a todo lo que le rodea. También gané una serie de nociones sobre cómo el mundo exterior cambia gracias a la presencia de una persona, a través de la fuerza o debilidad de sus sentimientos. Sin embargo, el olimpo no es mi sitio, y usualmente prefiero colocarme al mismo nivel de mis personajes. Me gusta más plantearlos como extensiones de mí mismo, poseedores de una de mis innumerables facetas, para luego irlos moldeando, en mi mente o en el relato, convirtiéndoles en una exageración de algo muy diferente a lo que fueron al nacer.

A: [color="#CC9933">¿Qué parte de ti se filtraba en aquellas historias? ¿Te llegaste a reconocer en algún personaje concreto tuyo?[/color]

T.E: Trataba de liberar en mis relatos el miedo, el delirio y la confusión. Lo que más querías siempre moría, lo que más buscabas siempre se perdía, y aquello que más miedo tenías de que sucediese, sucedía. Plasmaba en una hoja de papel todo lo que no debía ocurrir en la realidad, desnaturalizando así el miedo a que ocurriese, y protegiéndome de sus efectos. De manera que ésta es la parte que se filtra de mí en mis historias: todo aquello que no puedo soportar.
Esto incluye también a mis personajes, muchas veces me torturo con ellos, con su actitud, sus aborrecibles sentimientos e incomprensibles decisiones. Hasta el punto de que aquél personaje con el que creí me identificaba, muestra de repente un ser oculto y extraño, acorde con lo que anteriormente era, pero al mismo tiempo, insoportable hacia lo que anteriormente era.
Así que, aunque haya muchos personajes que me hagan tender a elegirlos como personificación de mi mismo ser, ninguno de ellos me permite hacerlo, culpa de haberse convertido en otro motivo más de angustia.

A: [color="#CC9933">¿Te podrías reconocer en algún personaje literario ajeno?[/color]

T.E: Puedo reconocer alguna parte de mí en cualquiera de ellos, pero nunca ha existido ninguno capaz de definirme. Jamás me he sentido totalmente identificado en otra cosa que no fuese un espejo. A veces, ni eso.

A: [color="#CC9933">Conocimos obras extensas de tu mano como "Forjando Reinos", ¿escribiste más relatos con proyección de novela o te limitaste al relato corto?[/color]

T.E: Ni siquiera “Forjando Reinos” tuvo proyección de novela. Creé el mundo de Evane como un soporte para relatos, y a eso me ceñí. Escribí muchas historias gracias a este telón de fondo. Pero con el tiempo, gracias a ese mundo fijo que había creado, las historias se iban interconectando, aportándose mucho unas a otras. Cada final significaba un nuevo principio, y en cierto punto, después de cientos y cientos de libretas llenas de historias cortas, llegó el primer capítulo de Forjando Reinos. Como un relato más, no como el principio de una novela. Pero el siguiente, “Sueño de Kalem”, sonó demasiado a secuela, y no pude resistirme a unir ambos. Una vez ahí, escribí tres relatos más generales sobre el destino del mundo tras la desaparición de Kalem. Un par de relatos antiguos echaron un poco de luz sobre los cientos de relatos que había habido antes de Forjando Reinos, y así lo terminé. Nunca fue otra cosa que un conjunto de relatos cortos unidos por una delicada trama de fondo.
Mi otro libro, “Engendros”, también es un conjunto de relatos cortos. La única diferencia es que no existe ninguna trama común, ningún telón de fondo que los una. El único rasgo común que los identifica es la presencia de la muerte.
En el fondo siempre me he limitado al relato corto, y parece ser que de momento así es como seguiré. Si alguna vez surge, no rechazaré la oportunidad de unir varios relatos para dar luz a una novela. Pero por ahora, me toca experimentar un poco en materia de relatos.

A: [color="#CC9933">Si hubieras tenido la oportunidad de compartir mesa y diálogo con un escritor en concreto... ¿a quién hubieras elegido?[/color]

T.E: A mí mismo. Me gustaría conocerme más a fondo, en verdad. Sería una conversación fructífera y podría sacarle bastante utilidad.

A: [color="#CC9933">Si hubieras tenido la oportunidad de pelearte con algún personaje histórico, ¿a quien habrías escogido? [/color]

T.E: A Dios, por haber extraido la luz de la oscuridad en vez del orden del caos. Él sabrá porqué lo hizo.

A: [color="#CC9933">¿Puedes hablarnos de los proyectos que tuviste en mente? ¿Pensaste en el hecho de publicar alguna obra?[/color]

T.E: Hace tiempo tuve en proyecto una continuación de Forjando Reinos. Ideé el título y la trama de todos los relatos, pero luego no fui capaz de escribirlos. Demasiada premeditación, pensé, quizá me mató la inspiración el tener que ceñirme a una trama. Incluso aunque la hubiese hecho yo.
He tenido también en mente el arreglo de algunos guiones para cortometrajes, pero aún está en proceso y nadie puede saber si saldrá adelante.
En cuanto al hecho de publicar, no es que tenga demasiado interés en hacerlo. Siempre me encuentro con gente que cree estar haciéndome un favor si me cobra varios miles de euros por publicarlo. De forma que tanto mi desinterés como la falta de medios económicos mantienen el tema de la publicación apartado. Si alguien tiene interés de invertir en mi libro ya me lo comunicará. Yo no voy a suplicar.

A: [color="#CC9933">¿Qué libros te han mantenido ocupado últimamente?[/color]

T.E: Absolutamente ninguno. He empezado muchos pero no tengo ánimo de terminar ninguno. Quizá dentro de un tiempo retome alguno de ellos y lo termine. Pero de momento, nada.

A: [color="#CC9933">Recojo un fragmento de un célebre escritor norteamericano que dice: “Se nos da nuestro lugar en el tiempo como se nos dan nuestros ojos: débiles, fuertes, claros, bizcos; nosotros no elegimos. Bien, ésta ha sido una época bizca, con glaucoma, para nacer. Por suerte, cuando la mayoría ve la distorsión como algo normal, nada grotesco parece extraño, y solo es anormal una visión clara”. ¿Te sientes identificado? ¿Consideras tu visión del mundo acorde con este tiempo, o por el contrario hubieras elegido otra época para nacer?[/color]

T.E: No he sentido en ningún momento que la distorsión pudiese ser considerada normal. Lo grotesco se me sigue presentando extraño, igual que a la gente que me rodea. Si la crudeza de mis relatos fuese considerada normal, se les estaría privando entonces de originalidad, cosa que hasta el día de hoy no parece haber ocurrido.
Mi visión del mundo desentona con ésta época, como desentonaría con cualquier otra. Mi visión del mundo tergiversa y moldea lo que otros ojos ven, mostrando ante la vista esa interpretación que el resto pasó por alto. Lo bueno es aterrador, lo malo es bonito, pero si todo el mundo lo viese así, mis ojos querrían entonces mostrar lo bueno como bueno, lo malo como malo. La cuestión es sorprender. Encontrar ese recóndito escondrijo desde donde nadie quiere observar. Allí me oculto. Allí vivo.
Toda época tiene esos recovecos que considera extraños, y viviese en la que viviese, siempre me encontraría en ellos. Siempre habría sido, en cierto modo, extraño. Por lo menos en ésta soy bien tratado.

A: [color="#CC9933">¿Cuál es tu relato propio favorito?[/color]

T.E: "Paradysso", sin duda. En él se filtró una parte de mí más grande de lo que yo mismo esperaba. La visión hostil del mundo, la idealización del amor platónico, y el caos y la desesperación que lo agitan todo al mismo tiempo y por sorpresa.
Si tuviera que elegir alguno que le siguiese supongo que sería “La Rosa”. Es una historia en estado puro, nada la engalana. Caballero ama a mujer y le dedica su vida sin conseguirla. No necesita más, se basta por sí sola.

A: [color="#CC9933">¿Qué opinión te merece el Archivo de Baldur? ¿Quién te llama más la atención de los que escriben en él?[/color]

T.E: El Archivo de Baldur me parece el lugar idóneo para mostrar lo que escribo. Es un espacio íntimo, donde las historias parecen transmitirse en familia. De esta forma consigo un cierto interés hacia mis relatos. La única pega que podría ponerle es la dificultad de encontrar el tipo de críticas que necesito. Pocos parecen ponerse a analizar los detalles.
En cuanto a la calidad de lo que se escribe me han llamado la atención sus relatos, Apostle. La confusión onírica y la heterogénea mezcla de ideas me resulta bastante interesante. Es una pena lo poco prolíficas que son sus manos en materia de escritura, aunque las siento bien aprovechadas en la pintura.
También llama la atención la prosa de Vedder, lúgubre y angustiada, o la fantasía gótica de Sunkdevifull. Y las preciosas poesías de Alexa. Hay una cierta calidad en los últimos relatos que pueblan el Archivo, y presupongo que llegará el momento en que alguien suba el listón por encima de todo lo que hemos visto hasta ahora.

A: [color="#CC9933">¿Seguiremos los lectores disfrutando de tus relatos en el Archivo de Baldur?[/color]

T.E: La escritura es una droga que te hace abandonar tu diario, la sangre que impulsa al corazón a latir solo en la nieve, la magia que da sentido a un universo distorsionado. No se puede privar de ella a quien se ha acostumbrado tanto a servirse de su evasión. Habrá nuevos relatos, nuevos mundo y nuevas historias que buscarán su salida en la fría pantalla de un ordenador. Aunque me niegue, no se puede negar que las historias encontrarán su propio camino, su propio medio para llegar hasta quien las necesite. Os dejo con unas palabras de Allan Moore. A él le sirvieron de introducción, han de servirme a mí como despedida.


Existen personas.
Existen historias.
Las personas creen modelar las historias pero lo
contrario suele acercarse más a la verdad.
Las historias modelan el mundo.
Existen independientemente de las gentes.
En lugares donde no hay hombres también hay mitologías.
Los glaciares tienen sus leyendas.
El oceano canta sus propios romances.
Incluso aqui.
Incluso aqui, dentro de estos frios y muertos matorrales que no tienen más testigo
que los sapos durmientes, acurrucados como un feto alienígena bajo las piedras.
Existen historias incluso aqui.
Historias que crecen como árboles enfermos, en una maraña atormentada.
Hojas que se pudren, decadentes, sobre las ramas.
Las historias aqui florecen deformes, alimentadas por un extraño terreno.
Hay héroes, hay parientes malvados y princesas, pero el drama se tuerce.
El cuento de hadas se transforma en tragedia.
El héroe, lento y pesado, llega demasiado tarde...
La muerte del pariente malvado no soluciona nada...
Y la princesa descubre un destino sin igual que es peor que la muerte.


Tras la escalofriante mención de la palabra “muerte” sus ojos se cerraron, y colgó su mandíbula inerte y sin vida, mostrando su garganta vacía, mientras el cristal se volvía opaco y desaparecía. Una súbita ráfaga de voz atrajo un grito, y las últimas luces se extinguieron. Rodeado por la oscuridad, traté de encontrar el camino de vuelta.
Mis pies tropezaban a cada paso entre aquél montón de basura, mientras los inaudibles susurros de un par de maletas trataban de confundirme. Brazos de madera me rozaban en la negrura, haciéndome dudar de su condición inánime. Registré la estancia con todas mis fuerzas, pero no existían paredes, no había escaleras... ni salvación... ni puerta.
Eché a correr con la intención de acabar topándome con algo, encontrar algún punto de referencia. Extraños helechos me rozaban la frente, y una triste mirada se había pegado en mi espalda. Pensaba que jamás podría escapar, transmitir lo que había oído.
“Nosotros lo haremos por ti”, dijeron. Entonces tropecé. Al intentar levantarme palpé el extraño bulto y mi corazón dió un vuelco. Reconocí el tacto y la forma de aquél costillar bajo la tela acartonada, aquella mandíbula inerte, aquella garganta vacía. Aquél rostro de muchas caras y sus ojos de miseria.
Entonces una luz brilló tras de mí, y al girarme sentí endurecerse mi cara. Vi el círculo de cirios, el cristal sucio, el muñeco tras él, de pie. Acariciaba una moneda.

The_Exorcist: ¿Mereció su precio?

Y dándose la vuelta me dejó solo allí, con la boca abierta, esperando una moneda. Sabiendo que cuando la frágil luz por fin se extinguiese, hundiéndome en la oscuridad para siempre, mi último pensamiento no sería otro que la palabra “muerte”.

FIN